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QUE TODOS PUEDAN COMPARTIR INFORMACIÓN, NUESTRO OBJETIVO PRINCIPAL ES UNIRNOS
POR UNA CAUSA EN COMÚN.
LA RECUPERACIÓN DE ESPACIOS PUBLICOS PARA PODER
TRABAJAR LIBREMENTE, YA QUE HOY EN DIA ESTAMOS PASANDO POR UN INQUIETANTE
PROBLEMA. EL NO PODER EJERCER NUESTRA RUBRO EN DICHOS ESPACIOS POR ORDEN
MUNICIPAL, ES POR ESTO QUE ESTAN CORDIALMENTE TODOS INVITADOS A PLANTEAR
VUESTRAS IDEAS Y LOGRAR NUESTRA MISIÓN, LA CUAL ES QUE NO NOS QUITEN NUESTRO
LUGAR DE TRABAJO "LA CALLE".
TAMBIEN LES RECORDAMOS QUE EL PROXIMO DOMINGO
HABRA UNA NUEVA VARIETE, YA QUE LA DEL DOMINGO ANTERIOR TUVO MUCHO EXITO, ASI
QUE EN CONJUNTO, HEMOS DECIDIDO VOLVER A PRESENTAR UN NUEVO ESPECTACULO,
RECUERDA ESTE DOMINGO 27 MARZO A LAS 18 HORAS PARQUE FORESTAL DETRAS DEL MUSEO
BELLAS ARTES.
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CAUSA.
ESPERAMOS TU PARTICIPACIÓN, UN CORDIAL SALUDO ATENTAMENTE DE LOS
ARTISTAS CALLEJEROS CHILE.
bueno cabros ojala en los comentarios puedan poner nombres de algun tipo de arte que quieran que nosotros hablemos o lugares donde se hagan curso o practicas de esta destresa
EL HUMOR CALLEJERO
Por Rafael Mañón (libretista de humor )
Eran los anos 90. Un grupo de jóvenes talentosos, experimentaban por primera vez un tipo de humor diferente. Un humor que desde el punto de vista de la locación, elegía ambientes naturales. Esos ambientes vinieron a ser los barrios, las calles, las esquinas, los callejones.
La propuesta fue un rotundo éxito de audiencia. Pronto el publico estaba hablando del NOTICIARIO DESINFORMATIVO Y LA OPCION DE LAS 12.
La television dominicana dejo de ser elitista. La nueva propuesta humoristica nace de las entrañas del pueblo. Nace de las entrañas de las calles. por primera vez una nueva generación humoristica, no solo traiga algo nuevo, sino que, los barrios verdaderos, eran la escenografía.
El hecho de que un barrio o una calle pase a ser la verdadera escenografía de un programa de humor o de una comedia corta, representa con el paso del tiempo, una historia gráfica de esos lugares.
Entonces, el humor callejero, como propuesta artística, también se convirtió en una crónica gráfica e histórica de nuestros barrios. ninguna generación humoristica anterior realizo un aporte como este.
Con el paso de los anos me he dado cuenta, al mirar uno que otro programa de humor, que los productores han abandonado paulatinamente EL HUMOR CALLEJERO. Hoy el humor a caído en la misma rutina de aquella televisión elitista. Aquella televisión de los anos 70 y 80., en donde si no hayas nacidos en el NACO O GAZCUE, o si no eras de una familia de clase alta, no se te abrieron las puertas para hacer comedias en la televisión
El diábolo es una de las modalidades más fáciles para iniciarse en el malabarismo. En pocos minutos conseguimos tenerlo bailando correctamente sobre la cuerda, y después de una pequeña sesión de correcciones de las desviaciones podremos lanzarlo muy alto y recogerlo, así como pasarlo a los compañeros o usarlo para tratar de encestar en algún objetivo. El diábolo se mantiene sobre la cuerda porque está girando. Buscaremos siempre una elevada velocidad de giro a partir de la impulsión con uno de los palitos, mientras que el otro facilita el movimiento. No hay que olvidar hacerlo rodar previamente en el suelo para que al subirlo no se tuerza o caiga. Los espectáculos de diábolo más sencillos consisten en lanzarlo lo más alto posible y recepcionarlo de alguna forma acrobática o por la espalda. Muchos de los malabaristas entre el lanzamiento y la recepción suelen dar varios saltos de comba usando los palitos y la cuerda; otros juegan con el público haciéndoles pronunciar algún monosílabo en la subida y otro en la bajada. Los espectáculos más complejos constituyen un baile con el practicante en el que el cuerpo del mismo toma un elevado protagonismo. Muchos malabaristas manejan dos diábolos a la vez y recientemente se han visto malabaristas con tres y cuatro diábolos. Es un material muy motivante para la iniciación debido a su sencillez en la consecución de los primeros objetivos. Es muy difícil fabricar un diábolo casero que tenga un buen equilibrio, por lo que se recomienda su compra. Los diábolos aconsejados tendrán el eje de acero y será tan ancho que debe ser posible darle un par de vueltas con la cuerda sin que ésta se monte. El diábolo consta de dos cuencos y un eje, por donde pasará la cuerda. Esta cuerda va sujeta a dos palitos. El diábolo se caracteriza por que solo trabaja una mano, a la que llamaremos mano hábil. La mano no hábil, se mueve en función de los movimientos de la mano hábil, dejando o recuperado cuerda (para que el diábolo pueda realizar figuras o bien para que no choque con el suelo). La mano hábil determina el sentido de giro del diábolo : un diestro lo hará girar en sentido contrario a les agujas del reloj (un zurdo, en el sentido de les agujas del reloj).
El sentido de giro del diábolo nos marca el mejor sentido para hacer las figuras (si los dos sentidos no coinciden el diábolo perderá velocidad y se frenará, liándose con la cuerda alrededor del eje).
El diábolo precisa de una constante aceleración, pues con cada figura éste pierde velocidad (así pues, será necesario volver a acelerarlo después de cada sucesión de figuras).
El diabolista debe mantener siempre su orientación respecto al eje del diábolo; el ombligo del diabolista estará siempre enfrente del mismo cuenco del diábolo, de modo que éste (el ombligo) y el eje estén siempre alineados.
Cuando el diábolo se desvíe lateralmente (hacía la derecha o la izquierda), el diabolista girará con él, con tal de recuperar la orientación respecto al eje.
Las desviaciones del diábolo hacia delante y hacia atrás, se rectifican con la mano hábil; adelantándola o retrasándola respecto la mano no hábil.
Las dimensiones del diábolo afectaran tanto a su velocidad como a su equilibrio. Así, un diábolo pequeño girará muy rápido, pero tendrá poco equilibrio (al contrario que uno grande). La medida de la cuerda es personal. Pero como a referencia, podemos decir que la medida correcta se corresponde con la distancia que hay entre el suelo y el pecho del diabolista. Los ejercicios que presentamos a continuación, tienen como objetivo familiarizarnos con el manejo del diábolo y probar algunas figuras de las típicas (como los lanzamientos, el ascensor o el látigo).
Frente a un edificio que alberga fragmentos de nuestro patrimonio cultural, otra historia se dibuja con clavas, colores, risas, un monociclo y uno que otro improvisado artista callejero. Ellos luchan por la esquina en la que todos quieren estar. Una, dos, tres estelas verdes surcan el aire en cosa de segundos. Lo mismo que tardan en cambiar las luces del semáforo de la esquina de José Miguel de la Barra con Ismael Valdés Vergara. El faro de colores separa al Parque Forestal del museo de Bellas Artes. Basta que el amarillo dé paso al rojo para que comience la competencia por los dos minutos de escenario en el empedrado. La lucha es entre las distintas compañías de malabaristas que convergen en este punto, por una tradición cuya fecha se pierde en la memoria de estos artistas callejeros, según relata Raúl Castro (30). “Desde que llegó el malabarismo a Chile, los artistas de los malabares nos juntamos en el Caballo de Botero”, asegura. No sólo por el peso histórico, sino también porque el lugar es fresco, seguro y siempre se aglomeran autos. En sus presentaciones le acompaña Alex Abarca (33). Juntos forman la compañía de circo teatro “Los mismos circo-show”, donde la coordinación, las clavas de vivas tonalidades y las reverencias al público automovilístico conviven con problemas como la crisis económica. “Se notó al tiro la recesión, bajaron mucho las monedas que nos hacíamos”, comenta Álex. La baja en las ganancias del día repercute directamente en la familia de cada uno. “Tenemos que pagar cuentas, parar la olla, mantener a nuestros hijos”, explica Álex.
Al otro lado de la acera, está el enemigo. Otro grupo de malabaristas acecha a la espera para poder ocupar la calle. Saben, tácitamente, que quien gane el espacio tiene derecho a permanecer allí hasta que el artista que recoge las últimas monedas se retire o se detenga un instante a tomar agua o ir al baño. Pero no es el único adversario: los carabineros detienen y multan a estos artistas callejeros por alterar el orden público. “En tres meses llevo seis partes acumulados, loco”, reclama Raúl quien, como muchos, no piensa pagar la multa. Entre semáforos, lo pasan bien. “Este es un cachorrito que yo encontré en el suelo, botado y comencé a sacarle brillo, hasta dejarlo listo pa’ jugar”, molesta Raúl a Alex. Con unas sonrisas que disimulan las cuentas impagas y un juego de equilibrios, se lanzan sobre los autos. Es la hora del taco. Los malabaristas disputan los escasos minutos de show con payasos, bailarines de cueca y dominadores del balón. Entre cada trote y roce de las zapatillas contra la irregularidad del suelo cada uno toma su lugar.
Raúl lleva dos clavas y un balón, al igual que Álex. Cuentan mentalmente hasta tres y comienzan. Vuelan los implementos y la pelota corta el aire. Uno, dos, la atajan con la cabeza, golpe y dominio. En vuelo de colores y frenéticos giros aéreos, coordinan los pases y exhiben la destreza y agilidad a toda carrera. Cambian las luces y los motores dan cuenta del fin del show. Una semirreverencia es la señal.
Algunos conductores alargan la mano y entregan una moneda. Con sus movimientos buscan atraer al público, porque saben cómo relacionarse con quienes van de paso. “Si entras feo, la gente te recibe mal. En cambio, si apareces como un bacán, las personas te tratan bien”, reflexiona Álex.
Juan Carlos Huerta (29) es otro experto en equilibrar balones que también tiene su opinión. “Ellos nos transmiten más a nosotros y nosotros lo multiplicamos”, acota. Mientras corren para que “El Chico”, un malabarista en monociclo que llegó a hacerles competencia, no les quite la esquina nuevamente, le pregunto a Raúl si quiere que sus hijos mantengan la tradición. “Si no sigue con esto, le saco la ch…”, alcanza a decir y su voz se pierde entre los autos.